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Soba y Asón

Saliendo de Suances tomaremos la autovía A-8, en dirección a Biblbao, hasta la localidad de Colindres, lugar en el que el río Asón se funde con la ría de Treto, que junto con las marismas de Santoña, constituye uno de los conjuntos naturales de mayor importancia de la región. Desde aquí tomando la carretera nacional (N-629) y siguiendo el cauce del río Asón, llegaremos a Limpias, donde destaca su famoso santuario del siglo XVI, que conserva celosamente el Cristo de la Agonia, transladado desde Cadiz en el siglo XVIII.

Continuándo con la ruta llegamos a Ampuero, donde podemos desviarnos de nuestro camino para visitar el Santuario de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria, construido en el siglo XVIII, en el que cabe destacar su Retablo Mayor. Volviendo de nuevo a nuestra ruta principal, llegaremos a Ramales de la Victoria, localidad así llamada tras la derrota de los carlistas de Maroto en 1839. En Ramales se encuentran numerosas cuevas prehistóricas: Cullavera, La Haza, El Mirón y Covalanas -esta última visitable- donde podremos admirar uno de los conjuntos de arte paleolítico más bonitos y sugentivos de Cantabria.

Tomamos la carretera autonómica CA-256, para remontar el río Gándara y adentrarnos en el Valle de Soba, un lugar de gran riqueza paisajística. Una vez traspasado el Collado del asón, disfrutaremos de una panorámica singular donde las haya; desde lo alto podremos ver el nacimiento y la cascada del río Asón, destacando la luminosidad del paisaje, producida por el contraste que ofrecen el verde de los bosques y prados sobre el blanco de las peñas calizas. A continuación, descendemos siguiendo el curso de este río hasta Arredondo-denominado por los lugareños "La Capital del Mundo"- con su iglesia de estilo neoclásico y su peculiar torre-campanario. Continuando nuestro camino llegaremos al puerto de Alisas (llamado el mirador de Cantabria) donde merece la pena hacer una pausa en el itinerario para disfrutar de su enclave, que nos ofrece una amplia visión de la mitad oriental de la provincia. Bajando el puerto llegaremos a la Cavada, lugar donde se asentó una de las dos fábricas de cañones que tuvo Cantabria, y donde destaca el arco de piedra que conmemora la visita del Rey Carlos III.