La privilegiada ubicación y la presencia del estuario, rico en recursos naturales, hizo de Suances un enclave de especial interés desde la prehistoria.
La presencia humana queda atestiguada durante el Paleolítico Inferior (Achelense, más de 100.000 años) donde cabe destacar la cueva de Las Brujas, situada en el popular barrio conocido como la Gerra, que conserva, aunque modestas, manifestaciones de arte rupestre, que consisten en signos que se realizaban deslizando las yemas de los dedos sobre la arcilla fresca de las paredes y techos de la cueva (técnica denominada Macarroni, también utilizada en la vecina cueva de Altamira).
Podemos destacar también el hallazgo de un taller de sílex en la playa de Los Locos. Donde los hombres y mujeres de la prehistoria se abastecían para confeccionar sus herramientas, más tarde halladas en las cuevas de alrededor.
El Castro de Hinojedo, atesora restos que se ha manifestado como una de las principales fuentes de información acerca del Calcolítico Regional ( 4.000 años) un asentamiento humano al aire libre y, más en concreto, sobre uno de sus aspectos menos conocidos, el hábitat. De cronología algo posterior es el puñal de Hinojedo, una pieza de bronce de gran belleza. Su tipología – enmangue de lengüeta con remaches – nos retrotrae a momentos de la Edad de Bronce (3.000 años). ( está en el MUPAC)
El poblamiento durante la Edad de Hierro (2.500 – 2.000 años) se confirma en el Castro de la Masera entre Hinojedo y Cortiguera. En la cima del mismo se encuentra un castro en el que todavía podemos observar algunas terrazas defensivas. En él se han hallado cerámicas hechas a mano y a torno, lo que ha permitido constatar su atribución cultural a momentos próximos a la romanización.
¿Sería este el lugar donde vivieron los BLENDIOS mencionados por Plinio el Viejo en su “Historia Natural”?
Romanización
Suances, protagonizó el desembarco de la marina Romana Classic Aquitanica procedente de Aquitania que participó en las guerras cántabras ( 29 a.C-39 a.C) considerada el antiguo “Portus Blendium” de los romanos, como así parecen atestiguar las diversas excavaciones realizadas en la zona de la iglesia, habrá de ser, según los especialistas, el punto final de la calzada romana que unía la meseta con la costa, recorriendo el norte de Palencia y descendiendo por la cuenca del Besaya – zona del asentamiento de los llamados Blendios – llegaba al Cantábrico. Tras la victoria de los Romanos, desde Portus Blendium se embarcaría el mineral extraído de las minas de Reocín y Mercadal. Los hallazgos arqueológicos sitúan en el antiguo puerto en la zona conocida como “El Esquilar”.
De la Edad Media hasta nuestros días
En la Alta Edad Media, este municipio pertenecía administrativamente al valle de Marina, uno de los que componían la Merindad de las Asturias de Santillana. El documento más antiguo que podemos encontrar está fechado el 28 de marzo de 870 y procede del Cartulario de Santillana, en él se hace alusión a una villa que llamaban “Suancies”. En época de los grandes señoríos monásticos, Suances y su puerto dependían de la abadía de Santillana, documentándose una gran actividad pesquera en el siglo XII. Del siglo XI son las ruinas encontradas en Cortiguera, que deben pertenecer al antiguo convento de Santo Domingo de la Barquería (1.078) junto a la que se excavó también una necrópolis medieval similar a la localizada en Hinojedo. En la Baja Edad Media, Suances queda vinculada a la poderosa familia de la Vega, que entrará en conflictos económicos con la Villa de Santander, en los que tuvieron que intervenir los Reyes Católicos dando la razón a Santander por el control del puerto de Suances, motivo por el que se construye en el puerto la torre señorial de San Martín de la Arena a comienzos del siglo XV hoy desaparecida. A partir del siglo XVI, el puerto de Suances tendrá una gran actividad comercial, que alcanzará su máximo esplendor en los siglos XVII y XVIII.
A mediados del siglo XIX comienza la corriente higienista de los baños medicinales en el Mar Cantábrico promovido por los médicos de la época.
En 1881 el Rey Alfonso XII es invitado por el Marqués de Comillas a veranear en la villa vecina. Don Gomez de Quitana, vecino de Suances y capitán de la cantábrica y amigo personal de Antonio Lopez y Lopez, pide que algún miembro de la familia real visite la villa de Suances.
En septiembre de 1881, desembarcaría la reina y las infantas en la playa de la concha para visitas el pueblo y conocer el nuevo edificio consistorial que fue regalo de D. Gomez de Quintana en un carro tirado con mulas.
A partir de esa visita, comienza a generalizarse en la villa la práctica de los baños, siendo las playas de Suances el mayor reclamo turístico del municipio, atrayendo a los veraneantes de la época que comienzan a construir los primeros chalets y villas de recreo. Y es ya en la segunda mitad del siglo XX cuando se consolida como uno de los destinos más solicitados de la oferta turística del norte.